Al abordar el tratamiento del tema de la eutanasia descubrí que me hallaba en un punto de intransigencia intelectual acerca de una u otra postura, de estar en contra o a favor de ella. En las últimas décadas del siglo XX, la eutanasia y el aborto se han transformado en ejes de un debate crudo y ardiente, no exentos del infaltable condimento político religioso ortodoxo. La eutanasia es un problema cardinal, porque se refiere a esa muerte tan temida o a veces tan esperada. De la composición de los términos eu y thanatos, que quiere decir “buena muerte” o bien morir, nace la palabra Eutanasia cuyo fin es provocar la muerte fácil y sin dolores a un paciente próximo a morir; obtener la muerte directamente sin producir dolor o dejando que la muerte se presente de una manera natural suprimiendo los tratamientos que sostienen al enfermo con vida. En el derecho argentino no existe una ley respecto a la eutanasia, nos encontramos con disposiciones aisladas en el ámbito nacional y provincial que hacen al tema. La eutanasia voluntaria pasiva ha sido contemplada en las leyes que regulan el ejercicio de la medicina y en la jurisprudencia aceptan que toda persona puede negarse a recibir tratamientos o intervenciones quirúrgicas aunque esta negativa le produzca la muerte. En cuanto a la eutanasia voluntaria activa, en Argentina está penalizado el delito de asistencia al suicidio, y no existe ningún eximente de responsabilidad ni atenuación de la pena en el homicidio por piedad de allí que se puede afirmar que la única eutanasia permitida es la eutanasia voluntaria pasiva, en la cual el paciente presta su consentimiento, por si o por representante y se obra por omisión, es decir se suspenden los tratamientos o métodos que lo mantienen con vida y se omiten las terapias o intervenciones que podrían prolongársela. En este caso se piensa que el paciente muere por su propia enfermedad y no por el acto médico.
Las religiones en general coinciden en la condena a la práctica de la eutanasia ya que creen que Dios da la vida y por lo tanto sólo a Él le corresponde la potestad de quitarla. Actualmente, la Iglesia Católica es una de las voces más combativas en su contra.
En febrero de este año, se dio a conocer el caso de una chica de 19 años postrada por una incurable enfermedad degenerativa del sistema nervioso que reclamaba a la presidenta, Fernández de Kirchner, que impulse en el Parlamento el debate de una ley que permita la “muerte digna” de enfermos terminales. El Comité de Bioética del Hospital Garrahan accedió y la sedó profundamente hasta esperar el final. A raíz del caso Camila -la beba que está en estado vegetativo desde que nació hace dos años y su madre pide por una muerte digna-, en los últimos días volvió a surgir el debate.
La muerte es uno de los temas más importante de la vida, -quizá el que le dá sentido- ya que es el final de ésta. Desde mi perspectiva, estamos frente a un dilema intelectual importante en el que cada uno puede (y debe) tomar posición al respecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario